Estimados colegas: tal como lo prometimos, les dejamos las dos actividades que deben presentar hasta el día 18 del corriente mes y año. Recuerden los que no asistieron que deben presentar éstas actividades y la correspondiente a las jornadas anteriores. Para los que deben recuperar asistencia, ya se les informará sobre el trabajo que deberán presentar. Cualquier duda, estamos a disposición. Saludos cordiales.
ACTIVIDAD 1. Grupal. Para
todos los grupos.
Les proponemos la lectura
del siguiente texto:
6. Cierre y desafíos para
continuar trabajando.
Si miramos nuestra escuela hoy y evaluamos sus
resultados en términos de los aprendizajes de nuestros alumnos veremos que —a
pesar del marco normativo que habilita nuevas posibilidades para organizar el
trabajo educativo en las instituciones— todavía la realidad dista de que todos
los chicos estén en la escuela (al menos en muchas), aprendiendo. Ya lo hemos
visto en la evaluación institucional que iniciamos.
Sabemos que la educación de calidad no se logra de
un día para otro, sino que implica reconocimiento y objetivación del trabajo
educativo, revisión y aprendizaje permanente sobre lo que hacemos, reflexión
sobre la realidad, búsqueda colectiva de nuevas formas de trabajo educativo e
invención de nuevos caminos.
Las resoluciones del Consejo Federal de Educación,
especialmente la 174/12, la 84/09, la 93/09 y la 188/12, nos trazan algunas
posibilidades. Nos hablan de la escuela que tenemos que cambiar para que el derecho
a la educación sea posible. Pero, al mismo tiempo, nos plantean estrategias
cercanas y ya conocidas: tutorías, grupos de aceleración, grupos multigrado o
multiciclo, escuelas de reingreso, centros de escolarización secundaria de
adolescentes y jóvenes, escuelas de alternancia, entre otras muchas y variadas
experiencias. Es decir, mientras el marco normativo plantea la necesidad de un
cambio profundo en las formas de hacer escuela, nos dice también que mientras lo
construimos, podemos desarrollar algunas acciones complementarias, remediales,
que habiliten —hoy— trayectorias escolares reales y significativas de los
chicos que la transitan.
La propuesta es, entonces, la búsqueda de sentidos
provisorios, de miradas que, despojadas de prejuicios, nos anticipen las
escenas con las que posiblemente no van a coincidir nuestras apreciaciones,
para explorar modos alternativos y con-textuales de construir las experiencias
educativas. Probar, investigar y compartir se presentan como una manera de
buscar respuestas a la variabilidad y complejidad que revisten sujetos y
situaciones en un mundo donde las certezas se hallan conmovidas pero donde el
acto educativo como acto de transmisión, de inscripción, de recibimiento, es el
que nos permitirá repensar la construcción de lazos sociales y el vínculo entre
generaciones.
El cambio que la escuela requiere está en proceso.
Lograr la educación de calidad que nos proponemos llevará seguramente mucho
tiempo y trabajo, pero estamos convencidos de que, en nuestro país, se hará con
las manos, las ideas, la experiencia y los saberes de todos y cada uno de
nosotros.
Preguntas para la reflexión y la producción: ¿Cuáles son los aspectos positivos y cuáles requieren ser revisados en
la organización institucional para alcanzar los desafíos del Nivel Secundario?
En función de ellos, ¿qué condiciones deberíamos generar desde la escuela para garantizar
su concreción? ¿Qué potencialidades, saberes, prácticas sirven de base para
convertir en logros esos desafíos? ¿Qué cambios serán necesarios para crear
esas condiciones? ¿Con qué actores? ¿Por qué?
ACTIVIDAD 2. Grupal. Para
todos los grupos.
Leer
atentamente el siguiente texto:
“En un contexto donde las
instituciones tradicionales se encuentran cuestionadas, los medios de
comunicación se constituyen en actores de peso y sus formas de nombrar la
realidad cotidiana tienen efectos sociales concretos. Así, los jóvenes son
representados públicamente, y posicionados desde el discurso mediático, en el
espacio de la carencia, de aquello “otro” que lo socialmente valorado, o
directamente son responsabilizados por las problemáticas sociales que afectan
al conjunto. Uno de los lugares comunes es ubicar a los jóvenes en el plano de
la apatía, falta de participación y desinterés en los asuntos comunes. Diversos
trabajos han comenzado a discutir estas construcciones simplificadas de la
cultura juvenil y proponen miradas más complejas y atentas a los modos
emergentes de relación de los jóvenes con lo político (Bourdieu,1978, 1990;
Beck, 1999; Reguillo, 2000; Valderrama, 2004).
Otra de las operaciones
discursivas que realizan los medios en relación con los jóvenes –y
principalmente, con aquellos de sectores populares– es vincularlos con la
violencia, el delito, las adicciones. La equivalencia construida entre la
condición juvenil y estas problemáticas sociales marca, etiqueta y estigmatiza
a los sujetos. El análisis de la antropóloga mexicana Rossana Reguillo (2000)
da cuenta de este proceso, considerando que los medios actúan “como caja de
resonancia de un imaginario al que le sobran miedos y le faltan chivos
expiatorios” (Reguillo, 2000, pág. 55). En este sentido, afirma que se realiza
una transferencia de responsabilidades de la sociedad hacia los jóvenes al
tratar temas como la violencia, la falta de seguridad y el incremento de la
delincuencia sin los debidos contextos sociopolíticos, poniendo a los jóvenes
de sectores marginales como responsables directos y exclusivos de estas
cuestiones.
Así, ellos se convierten en
“chivos expiatorios” de las problemáticas sociales. Este paisaje se completa,
como afirma Florencia Saintout (2009), posicionando por un lado a los
ciudadanos –devenidos en consumidores, vecinos y víctimas de la violencia–, y
por el otro a los jóvenes, de quiénes “nada se puede esperar” y que además
hacen peligrar aquello que la sociedad propone como sus valores centrales: la
propiedad privada, la vida, el orden.
Otro modo muy actual de presentar
a los jóvenes en los medios es aquel que podríamos denominar “estetización de
la juventud” (Llinás, 2009). En los últimos tiempos, hemos visto aparecer en
los medios jóvenes que se identifican con distintos grupos, como los llamados floggers o emos. Las formas de mostrarlos, de indagar acerca de sus intereses,
vestimentas y gustos musicales, permite pensar que estas miradas no dejan de
construirlos en un “otro” del conjunto social del “nosotros”, que los postula y
etiqueta como diferentes o “raros”. Esta operación que estetiza a los jóvenes,
a la vez, los señala y estigmatiza, quedándose sólo en lo que muestra y
dificultando el análisis y la reflexión crítica sobre aquello que se presenta.
Así, los medios –“instrumentos poderosos de fabricación de reputaciones”
(Sedel, 2009)– imponen una representación alarmista de los jóvenes, en tanto
encarnan los “males” que afectan a la sociedad en su conjunto. Frente a estas
construcciones, resulta interesante analizar si existen otros modos de
pensarlos, convocarlos, incluirlos, por parte de la escuela, la política y el
Estado.
En el marco del panorama
brevemente reseñado, el diseño de políticas educativas para la enseñanza
secundaria es uno de los nudos más complejos. De la multiplicidad de acciones,
programas y líneas de política para el nivel hemos identificado –a los fines de
este trabajo– dos de ellas (Centros de Actividades Juveniles y Escuelas de Reingreso), ya que
consideramos que pueden dar lugar a reflexiones interesantes para pensar
cambios en el núcleo más difícil de conmover de la escuela secundaria. Además
de esta nota común entre ambas políticas, es posible señalar que las
transformaciones que ellas se proponen no se localizan en el “corazón” del
sistema ni de la escuela, sino en espacios de “frontera” o de “borde”. La
potencia de estos espacios –así como también sus riesgos– será objeto del
análisis siguiente”.
Preguntas para la reflexión y la producción: ¿Qué opinan sobre lo que plantea el texto? ¿Cuáles son los aspectos
positivos y cuáles requieren ser revisados en la organización institucional
para alcanzar los desafíos del Nivel Secundario? En función de ellos, ¿qué
condiciones deberíamos generar desde la escuela para garantizar su concreción?
¿Qué potencialidades, saberes, prácticas sirven de base para convertir en
logros esos desafíos? ¿Qué cambios serán necesarios para crear esas condiciones?
¿Con qué actores? ¿Por qué? ¿Es posible un cambio en nuestra institución?